miércoles, 25 de julio de 2007

Cuando alguien pierde, siempre alguien gana?

Ecuador, mi país.
Guayaquil, mi ciudad.
Una fábrica de plásticos, mi lugar de trabajo.
El departamento de ventas, el sitio donde cumplo mis actividades.
Despachar productos a los autoservicios de la ciudad esa es mi función diaria.
Este es un pequeño close up autobiográfico, pero mi intención no es contarles mi vida.
Pero sí quiero dibujarles situaciones que me ocurren, aunque no son exclusivamente propias, ya que son circunstancias universales. Ese es mi objetivo: dibujarme en un lienzo en el cual se descubran todos, porque todos somos pinceladas del mismo cuadro.
La empresa donde trabajo es la típica corporación latina donde el orden convive con el caos, donde los administradores se estresan por la incertidumbre política, donde los dueños se van de shopping a Miami aunque los obreros protesten por mejores sueldos y donde los obreros no son más que un número en unos listados enormes impresos en papel contínuo. No me quejo de mi empresa; no sería ético y además la mía, es una de las empresas con mejor "sentido social" del medio.
En este momento la empresa está administrada por el hijo de uno de los dueños. Al parecer él quiere demostrarles eficiencia en su gestión, lo cual es loable indiscutiblemente. Pero tras este fin, creo que les ha dado la orden a todos los gerentes de área para que hagan recorte de gastos. Desgraciadamente para todos, él está confundiendo administración eficiente con menos gastos, lo cual no es del todo cierto, porque "aminorar gastos" es un concepto que muchos gerentes y jefes de área lo tergiversan y creen que significa recortar sueldos y horas extras o despedir personal.
Pues hace casi 2 años, ya hubo un recorte de sueldos y de horas extras, y también despidieron unos cuantos empleados.
Al parecer ahora de nuevo empezaron los recortes ante la situación política incierta del país. Ayer me tocó la ingrata tarea de comunicarle a un compañero de trabajo que está a mi cargo, que en los próximos días sería cesado y que debía ir buscando otro trabajo para que el despido no lo tomara de sorpresa y lo dejara en el aire. Aunque en nuestros países, paraíso de políticos ladrones y de magnates del subdesarrollo, quedar sin trabajo es más que una tragedia.
Aunque me siento mal por el compañero que botarán, ayer mismo la jefa de mi área me dio un motivo más para sentirme peor: aunque no me lo dijo directamente me dio a entender que en los próximos días yo empezaría a recibir una comisión "aprovechando que nos vamos a horrar el sueldo de un trabajador", refiriéndose a mi compañero que despedirán...
Todos creo que esperamos siempre un aumento en nuestros sueldos, pero solo como un reconocimiento de nuestras labores y un premio a nuestro esfuerzo, claro que también hay otros motivos menos éticos y profesionales para conseguirlo, pero no me refiero a esos. Mentiría si dijera que no me alegró la noticia, pero lo que me dañó la alegría fue la fuente de donde provendrá esa comisión. Les ha ocurrido algo parecido o saben de algún caso similar? Estoy seguro que muchos sabrán de historias similares.
Recuerdo a mi profesora del curso de Administración de empresas en la universidad: no recuerdo su nombre, pero sí recuerdo que era una mujer menudita, pelo corto y de una simpatía irresistible. Ella empezó diciendo una frase que es una verdad, pero que hoy en día las empresas la han convertido en una simple teoría: "la empresa son personas". Para la globalización, para cualquier sistema político y para todos los dioses del Olimpo de Cristales, las empresas son números.