domingo, 15 de julio de 2007

Todos los días

Creo que todos, o al menos los que hemos tenido la oportunidad, en algún momento de nuestras vidas habremos escuchado estas dos palabras: cronopio y Macondo. Ambas tienen que ver con la literatura y por ende con los sueños, que son el mejor remedio para la realidad. Quizás los que lean más que yo les resulte incompletos y por lo tanto injustos mis conceptos, pero en líneas generales Macondo es el pueblo que fundó Gabriel García Márquez en su universo literario y en el cual suceden las mismas cosas que pasan en nuestro patio o en nuestra esquina, pero de una manera cercana a la magia. En cambio un cronopio es otro invento literario creado por Julio Cortázar y que se refiere a un ser que usa la poesía, la locura u otros medios para -más que evadirse de ella- crearle otra alternativa a la realidad. Así que tenemos dos instancias: un espacio donde sucede lo mágico cotidiano y un ser que transforma lo cotidiano en mágico.
Ahora yo les pregunto a los que no han leido ni a García Márquez ni a Cortázar: cuantas veces se han topado con algo o con alguien que les ha parecido increible? Solo quien ha vivido toda su vida encerrado en algún sitio o en sí mismo responderá que nunca, y aún así yo podría dudarlo, porque incluso cada uno de nosotros somos una manifestación de la magia y por lo tanto podemos también crearla. Y a los que han leido a esos dos locos y a otros escritores yo les pregunto: cuántas veces se han encontrado o han visto realidades paralelas a las que suceden en Macondo o a cronopios andando por la calle, por los bares o en las noticias? Muchos verdad?
Para completar la idea, les diré que Macondo y los cronopios se tocan y no se tocan, se ven y no se ven, se sienten y no se sienten, se viven y se desviven, suceden y no suceden, y todo esto nos llega a todos, en todo lugar y todos los días. Así que todos, además de mágicos, podemos hacer magia sin ser magos, y eso puede ocurrir todos los días. Cada cual tendremos que inventarnos la manera de hacer magia o de hacer con nuestra vida algo parecido a la magia, esta es y será mi manera de acercarme más a Macondo y de hacerme un poco más cronopio: escribir todos los días.

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