domingo, 19 de agosto de 2007

Ficciones Reales IV. El caballero del zodiaco

Siempre imaginé que esta historia terminaría de otra forma, porque comenzó de una manera normal, se desarrolló vertiginosamente y no terminó con una tragedia, pero terminó con un silencio.
Aquella noche que comenzaba mi ronda no esperaba encontrarte en la oficina, aunque desde hacía 2 semanas ya te me habías metido en la cabeza. Sonreímos por la agradable coincidencia en aquel frío y solitario ambiente de oficinas. Empezamos a conversar. No sé por qué siempre que converso con una chica la llevo al asunto de los signos del horóscopo. Que eres sagitario me dijiste. Lees? Te pregunté, dijiste que casi nada. Tampoco escribo. ¿Cómo tienes la paciencia para ponerte a escribir? Me preguntaste. No lo sé, es solo cuestión de tener un silencio ameno, una pluma y un papel en blanco.
Me gustó tu indiferencia por las cosas que me parecían importantes, me cautivó tu miedo a los sonidos desconocidos, me gustó tu ámbito a lavanda cuando te acercaste a explicarme algo. Fueron dos horas en que lo hiciste todo: ordenaste los documentos, conversamos de muchas cosas, me dejaste conocerte un poco, me acompañaste a completar mi ronda, me descubriste con dos palabras y confirmé que te quería. Lo hiciste todo y no te diste cuenta de nada. Despistada o demasiado cerebral? Acto inconsciente o estrategia?
Todos los días nos veíamos, pero yo te veía más: a cada momento! Y no es que estaba obsesionado contigo, lo que estaba era enamorado de tí y en ese momento me encantaba ser guardia porque al estar a cargo de los monitores de seguridad te podía ver a mi antojo. Cuando mis ojos recorrían todas las pantallas siempre caían prisioneros como en un pozo cuando llegaban al monitor donde aparecías. Sabes? Dos veces me aceleraste el corazón por la emoción y el miedo. Una tarde en que observaba cómo arreglabas tu cabello casi me caigo de la silla cuando regresaste a ver a la cámara! Me sentí descubierto, me sentí indefenso. Mil preguntas me hice y ninguna pude contestarme. Acaso sabías que alguien te miraba? Acaso sabías que alguien te quería en silencio? Acaso sabías que era yo?! La incertidumbre, la angustia y el mismo amor me mantuvieron en medio de una terrible tormenta, aunque en mi trabajo debemos parecer y aparecer como un mar de aguas tranquilas. Pero esa tarde en que entramos al comedor al mismo tiempo y nos sentamos juntos en las únicas sillas disponibles, el vendaval de tu cercanía sacudió mis aguas diáfanas y me mandó al abismo la mesura. Yo sé que aquella tarde me descubriste el sentimiento, no porque lo viste en mis ojos o porque te lo haya dicho. Simplemente lo supiste porque al esquivar tus ojos cuando te veía sonreír no logré ocultar mi secreto, sino todo lo contrario: abrí mi corazón sobre la mesa.
Una tarde de jueves recuerdo, o mejor dicho me recuerdo viéndote en silencio, extasiado. Mis ojos recorrían tu figura acentuada por el nuevo uniforme que estrenabas esa semana. Ibas hacia Recursos Humanos llevando unos papeles, miraste la hora, yo también vi en mi reloj que faltaban 20 para las 4. Incluso en el frío del cuarto de monitoreo podía suponer el calor de la tarde soleada por la que te veía caminar en la pantalla. Y de pronto pasaste sonriéndole a la cámara! Tranquilamente yo podría haber pensado que tuviste un deseo momentáneo de "estar en pantalla", pero sentí que tus ojos y tu sonrisa me atravesaron, me sentí desnudo! No recuerdo exáctamente en qué pensaba cuando te observaba caminar con esos documentos, pero sí recuerdo haber sentido cargo de conciencia cuando te vi sonreír en la pantalla.....Bueno, el amor también se condimenta con el deseo, incluso si no ha empezado, pero eso no lo mancha. Sin embargo, ese argumento no me evitó el sentimiento de culpa. Será que lo sabe? Será que lo sospecha? Siempre me invadían las preguntas cuando me sentía pillado.
Después de esto, ocurrió todo tan rápido. Me cambiaron de horario, pero aún así sucedió el milagro de encontrarnos de nuevo: tú entrabas, yo salía y ambos estábamos temprano, así que tuvimos un tiempo mientras esperabas que abran la oficina y yo esperaba el transporte del personal.
De lo que conversamos, dejaste en claro una vez más que leías poco y escribías menos, pero en mi afiebrado encantamiento por tenerte cerca supuse que una buena sagitario siempre dice lo contrario de lo que siente y piensa en realidad. Por eso, y como una arriesgada muestra de mi amor, un día inscribí con tu nombre un cuentito sin muchas pretensiones en un concurso de historias cortas para autores inéditos. El objetivo no era que la historia del cuento ganara el concurso, mi objetivo era que mi locura ganara tu corazón. Imaginaba leer tu seudónimo "Sagitario Indiferente", con el que firmé la obra, en alguna mención de honor y nada más. En sí, no le veía muchos alcances a la obrita, por eso mismo la escogí. Me imaginaba estar "accidentalmente" de visita en tu casa cuando recibieras el sobre de la notificación del concurso. Imaginaba tu cara de sorpresa. Me imaginaba explicándote mi hazaña. Te imaginaba sonriéndome y llamándome 'loco' y yo diciéndote 'loco sí, pero por tí'. Todo lo imaginé. Lo esperaba todo y me preparé para todo. Incluso imaginé cómo te daría el primer beso!
Pero ocurrió lo inesperado: el cuento ganó el concurso! No llegó ninguna notificación a tu casa. Una tarde tranquila llegó la comitiva completa de la Casa de la Cultura de la ciudad! Llegaron con una medalla, el diploma del primer lugar y un cheque para editar la obra más regalías. Luego de las felicitaciones, del discursito de premiación y las fotos del acto, las autoridades de la cultura se fueron con tu promesa de que al día siguiente darías una conferencia de prensa en la sede del concurso. Todo fue tan rápido que recién en la noche tomaste conciencia plena de lo que había ocurrido y lo único concreto que tenías era una estela de preguntas que se resumían en una enorme: si no fui yo, quién carajos había provocado todo esto? Recorriendo con la memoria los acontecimientos de la premiación, recordabas 2 palabras que se habían repetido mucho en esa tarde; aunque al parecer carecían de sentido, las palabras sagitario e indiferente te sonaban familiares, como si recientemente hubieras escuchado a alguien decirlas. Luego de repetirte mil veces esas 2 palabras y de retroceder en las vivencias de los últimos días, atónita me descubriste en el recuerdo de una conversación amena en la atmósfera fría de una oficina. Una mezcla de coraje y pena te hizo pensar en mí hasta que te quedaste dormida. En el poco tiempo que nos conocíamos nunca habías pensado tanto en mí, como en aquella noche.
Al día siguiente, ni la mañana espléndida, ni tu rostro sonriente al verme me hicieron prever lo que vendría. No hubieron gritos, ni insultos, solo hiciste una pregunta. 'Porque te quiero' te respondí, mientras la sonrisa tonta se me transformaba en vergüenza y desazón. Tú te mantuviste imperturbable y sonriente ante mi respuesta, yo lo confundí con indiferencia y eso me presagió lo peor. Miraste al cielo pensativa, como buscando las palabras precisas, yo trataba de adivinar lo que pensabas en ese momento. Finalmente, fijando tus ojos en los míos me dijiste: 'si así habla tu corazón, mejor quédate callado'. Desde ese día no le digo amor a nadie.