El resplandor de la mañana estallaba sobre las paredes blancas haciéndose más intenso, mientras el aire acondicionado mantenía fresca la atmósfera a remedios de la habitación. Recostado al lado izquierdo de la cama abrió los ojos y al ver los pies desnudos de la chica quiso levantarse para tapárselos, fue entonces que descubrió su mano derecha atrapada con los dedos entrelazados en la mano izquierda de ella. Al sentir el movimiento, la chica medio despertó e instintivamente se tapó los pies al sentir el frío. Apretó más sobre su pecho la mano de él, lo miró sin abrir mucho los ojos, luego hizo un mohín casi imperceptible y siguió durmiendo. Él permaneció en silencio observándola, escuchando su respiración difícil. Vino a su memoria algo sobre unas estrellas que caminaban de puntillas y recordó que en la noche le había leído poemas. Aún estaba sorprendido de cómo habían ocurrido las cosas. Recién hacía 4 meses que eran enamorados, luego de ser compañeros durante 4 años. Ahora se arrepentía de haber desperdiciado junto a ella tanto tiempo sin decirle nada: 2 años de inglés, 8 meses de lectura rápida, 4 meses de pintura en acuarela. Recién en el curso de flauta dulce, él le había abierto su corazón y ella lo había aceptado.
- Yo te hubiera aceptado desde el curso de lectura, pero tú estabas más entusiasmado con la Jéniffer esa!
Eran esas muestras de clarividencia lo que la hacían más cautivante, era como si ella siempre supiera lo que él pensaba! Él solo la miraba a los ojos, le sonreía y en silencio se ponía a escucharla.
- Los hombres son bobos, nunca se dan cuenta cuando le gustan a una chica. Se entusiasman tanto en conquistar mujeres tratando de ser quienes no son, que no se percatan que ya han conquistado a una que se ha enamorado por lo que son en realidad. Me daba risa cuando le decías a Jéniffer que también leías la misma cantidad de palabras por minuto que ella, cuando en realidad yo sabía que a duras penas llegabas a la mitad de su record! A veces por menos me caía mal un chico, pero a pesar de esas mentiras bobas no te tenía fastidio, ni te juzgaba. Casi me caigo sentada cuando me pregunté a mí misma por qué tenía esa consideración contigo! Cuando empecé a sospechar la respuesta no la quise aceptar, pero hacia el final del curso dijiste algo que me desarmó. Esa tarde te vi tan lindo! Recuerdas? Cuando el profesor habló de la cuestión sicológica con las palabras tú dijiste que nuestro cerebro parece que no lee letra por letra sino la palabra como a un todo, y terminaste diciendo: si yo veo escrito una "ce", una "ele" y una "ene" en seguida leeré Celina...dijiste mi nombre! Si luego de esa clase te me declarabas, yo te aceptaba!
Ella le apretaba fuerte la mano contra su pecho, él sonreía y sentía los latidos de ella. De pronto ella lo miró a los ojos y abriéndose el camisón le llevó la mano hacia sus pechos. Él la miró infinita ternura para que no notara la pena que le manchaba el amor en ese instante. Mientras se miraban fijamente, ella liberó la mano de él y se abrió más la bata como invitación. Con una presición milimétrica, él fue recorriendo con la punta de su dedo índice el perfil de sus pechos: sus laderas blancas, sus aureolas oscuras, sus pesones duros. De repente, el amor y el alma desbocada le aclararon la respiración pedregosa y la escuchó gemir como alguna vez la había escuchado cuando se soñó junto a ella.
- Dos veces me he tocado imaginando tus manos, le confesó ella, leyéndole el pensamiento una vez más.
Oir la respiración agitada y silenciosa de ella sin que el cuerpo se le inquietara ya era harto difícil para él, aún así quiso que esos gemidos se multiplicaran. Besándola en la boca empezó a recorrer sus pechos con la llema de todos sus dedos, sin posar la mano completa. Solo rosando la piel, estableciendo una mínima sinapsis; casi imperceptible, casi insoportable.
- Este gozo es el que soñé vivir a tu lado, estos son los gemidos de mis sueños a tu lado, este palpitar es el que quería escuchar todas mis noches contigo, este amor era el que había soñado para los dos. Esta suavidad, esta dureza, esta turgencia, esta blancura es la que soñé encontrar en tus senos!
Él habló en un hilo de voz, casi ahogándose en los labios de ella y se acurrucó en su pecho para que no lo vea llorar y al mismo tiempo para que le enjugue las lágrimas. Ella lo acogió acariciando su cabello. Cuando él se hubo calmado, ella le buscó los ojos y con un beso le agradeció el enorme amor que le tenía.
- Debemos estar locos o querernos bastante, o ambas cosas para que tú toques y yo sienta las caricias en un seno que no existe! jajajaj Y seguramente el izquierdo también se hará negro y también me lo cortarán.
Celina hablaba con una crudeza tan dulce que él miraba para otro lado para no quebrarse nuevamente. Aunque aún no se había entregado a morir, ella ya estaba resignada ante los hechos. Ayer, justo antes de que él llegara a leerle poemas, ella se había visto al espejo y había llorado todo lo que debía. No era fácil aceptar la imagen de un cuerpo joven con un pecho tumefacto, mutilado y renegrido.
Aún así, aquella mañana ella se había sentido completa y llena. A fuerza de cariño y una infinita ternura él había tocado sus senos y ella sentido sus caricias donde solo había una llaga oscura. Ambos en silencio, con las manos entrelazadas y escuchando los latidos de sus corazones, acordaron por separado no separarse nunca y esperar la muerte juntos. A ella no la mataría el cáncer, a él no lo mataría la ausencia de ella, ambos morirían porque la permanencia en Macondo no es eterna.