lunes, 6 de agosto de 2007

Viendo vivir I

La vida de todo ser humano está constitutída de actos diarios y repetitivos, lógicos o absurdos, que llegan a ser una especie de hilos que sostienen dicha vida.
Soy testigo a diario (y muchos lo somos en nuestros casos particulares) de la vida de algunos individuos. No importa que sean hombres o mujeres, grandes o pequeños, familiares o desconocidos; todos basan su existencia en una repetición infinita de actos que en conjunto constituyen algo así como una "rutina diaria de vida". Quizás parezca que no tengo nada mejor que hacer que andar husmeando la vida ajena, pero me arriesgaré. A continuación les hablaré de los hilos que sostienen la vida de algunos que viven cerca. Advierto que el orden de aparición o los comentarios favorables o no que haga de ciertos casos no obedece a sentimientos o resentimientos que me inspiren las personas aquí retratadas. A todos y a todas llamaré amigos para protegernos con el anonimato:
1.
Tengo un amigo que no hace mucho cumplió 18 años. No trabaja, pero ya tiene mujer. El tipo no busca trabajo, pero ella ya espera un hijo. Él sueña con ser actor, pero pasa todo el día jugando Play Station II esperando que el sueño le caiga en la cabeza hecho realidad. Su mujer le reclama y discuten. Luego se encierran en el cuarto para gritarse, luego llantos, luego silencio, luego gemidos, se abre la puerta, ya pasó todo. O mejor dicho, no pasa nada; en cualquier momento pueden asomarse al cuarto de ellos y siempre verán lo mismo: una muchacha embarazada descuidada por su hombre-niño que apacible gana campeonatos de fútbol en Play Station. Mmmmm parece la descripción de una bomba de tiempo, verdad?
2.
Tengo una amiga casada que, aunque no lo diga, grita a cada rato que el hombre de su vida no es su marido. Tiene un hijo, pero felizmente no descarga su frustración contra el niño, ni contra su marido tampoco. Ella cree que lo sufre en silencio, pero de una u otra forma siempre lo llora en público. Cuando sale del trabajo en su auto, siempre pasa por la calle donde vive Germán, aunque su marido sea Alberto. Así se consuela a diario del tormento de vivir con el hombre equivocado. Garmán un día la invitó a su vida, pero ella prefirió la seguridad al amor. Mi amiga a veces también va al jardín donde estudian los hijos de Germán, para ver cómo hubieran sido sus hijos con él.
A pesar de que ella conoce la dirección y el teléfono de su amado, siempre lo busca en la internet o en los diarios, incluso en los letreros publicitarios! En la internet lo ha encontrado como testigo en un juicio por accidente de tránsito. En los diarios lo busca en la sección de eventos sociales, aunque moriría de celos si lo ve en una foto junto a otra mujer que no sea la esposa. Aunque lo que menos desea es su muerte, mi amiga a veces también lo busca en los obituarios, y con el corazón en la boca lee las defunciones esperando nunca encontrarlo. Al parecer, buscar todos los días a quien no se le ha perdido la consuela un poco ante la evidencia de que lo ha perdido para siempre.
3.
Tengo una amiga que estuvo casada por 37 años, y luego de ese tiempo su marido la dejó por otra mujer. Ella lloró y se le hinchó el brazo derecho por 3 meses como efecto sicológico por el shock de la separación. Cuando se le deshinchó el brazo, dejó de hablar por casi un mes, y aunque todos lo aceptaron también como algo sicológico producto del trauma, a mí me quedó la impresión de que simplemente no le dio la gana de hablar y ya. Recuerdo que el llanto la demacró bastante y un día sin más apareció con una receta de medicinas prescritas por un doctor que le había diagnosticado "xeroftalmia", dicho en español; ausencia de lágrimas en los ojos. Suena a cliché de telenovela, pero al parecer se le habían agotado las lágrimas de tanto llanto! Ahora, ya luego de algunos años de separación, ella se ha conseguido a su "amigo" Paquito; quien, más que consolarla de la separación, la ha hecho regresar a su época adolescente. Cada vez que salen, en los días previos a la cita, arman toda una red de mensajes cifrados, de llamadas anónimas y hasta de mentirillas de quinceañera que más que ocultar el encuentro lo pone en evidencia.