No solo cuando hace calor, sino siempre que me es posible me encanta dormir desnudo. Como dicen por ahí, Dios no nos creó vestidos, y al igual que Remedios la bella en "Cien años de soledad", me parece que las ropas son un convencionalismo, cuya idea no surgió cuando Adán mordió la manzana, sino cuando alguien se dio cuenta que andar así se nos convertiría en un problema demográfico. Luego vino un tipo con agujas y se le ocurrió que sería un buen negocio hacer ropas con su nombre. Aunque no paresca, no estoy en contra de andar vestido, estoy en contra de no poder andar desnudos más tiempo del que podemos.
No soy ningún exhibicionista; no tengo el valor, ni atributos qué mostrar, pero cuando estoy, o si estuviera en mi casa, ando o andaría desnudo. No lo hago por 3 razones, que son 2 en realidad: no tengo casa propia y el control social (término grabado a fuego en la memoria de mi funesta clase de Sociología, obtuve C en esa materia) me recluiría en una cárcel de comentarios a mis espaldas y dedos señalándome.
Así que, además de no ser exhibicionista, tampoco soy temerario para correr riesgos, por lo que me he creado esta casa para andar desnudo a toda hora. No verán en directo mi rojo corazón latiendo, pero de vez en cuando verán alguna herida. No verán los calces en mi boca, pero de seguro sabrán cuando esté riendo con toda mi dentadura al aire. No sentirán cómo se me eriza la piel, pero sabrán qué o quién me desboca el alma. Tampoco verán mis lágrimas, pero de seguro sabrán cuando esté llorando. No verán los mendigos de mis calles, pero sentirán su frio y su hambre cuando me lean, al menos eso espero. Esto tampoco es una promesa, porque mi afán no es satisfacerlos, solo quiero sentirme desnudo, no para que me conoscan, sino para conocerme.
Quien quiera entrar bienvenido sea, pero por favor no me cambien de sitio los muebles, ok?
sábado, 14 de julio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario